Checklist del buen corrector

15.12.2021
Ortotipografía

  • Comprueba que el tiempo verbal se mantiene coherente a lo largo del escrito. Nada despista más al lector que encontrarse con cambios arbitrarios de un párrafo a otro, de una frase a otra, sin embargo, es uno de los fallos más frecuentes de los primeros borradores. 
  • Utiliza rayas de diálogo — (Alt+0151) para los diálogos. Nada de guiones, y mucho menos viñetas bullet points si no quieres matar a tu corrector a de un infarto nada más reciba tu texto. Te recomiendo meterlas en un atajo del teclado para tenerlas a la mano.

  • Usa las comillas latinas « » (Alt+174 y Alt+175) para pensamientos y para citas de textos que los personajes recitan de memoria o leen en voz alta. Recuerda, el punto siempre se escribe detrás de las comillas de cierre.

  • Utiliza cursivas solo para extranjerismos, dar énfasis a una palabra o títulos de libros y obras artísticas. La cursiva cansa la vista y no conviene que la emplees en fragmentos largos. Para cartas o poemas basta con que reduzcas dos puntos el tamaño de la letra y estreches los márgenes.

  • Revisa los saltos de sección: salto de página para cambiar de capítulo (Ctrl+Enter), dos líneas en blanco entre párrafos para cambiar de escena y una sola línea en blanco entre párrafos para enmarcar cartas, poemas o canciones.

Estilo

  • Elige la palabra simple sobre la compleja. Un libro pesa bastante de por sí; no es elegante sumarle un diccionario.

  • Elimina palabras innecesarias. Si algo no añade significado a una frase, no merece estar en ella.

  • Reduce adverbios, específicamente los que acaban en mente. Esto te ayudará a elegir verbos más precisos —no aquellos con una carga semántica baja, cual auxiliares— y a reducir cacofonías por repetición.

  • Utiliza sustantivos y verbos potentes en lugar de acompañar palabras débiles de adjetivos y adverbios. En lugar de «era muy grande», usa «gigante»; «extremadamente inteligente» por «genio»; «oler mal» por «apestar/heder».

  • Borra palabras sanguijuela. Le quitan fuerza a tu texto.

  • Elimina las redundancias, como «subió arriba».

  • Suprime las repeticiones. Si no puedes eliminarlas, aprovecha la oportunidad para desplegar tu vocabulario, pero con moderación. Recuerda lo del diccionario.

  • Reduce los conectores, sobre todo si escribes historias. Son más propios de textos académicos que narrativos, y entorpecen el ritmo de la escena.

  • Barre las expresiones cliché —situaciones también—. Es verdad que son muy golosas salvó cuando se le pegan al lector en los ojos. Si quieres usar alguna, que sea con un propósito muy claro.

  • Evita palabras con todas las letras en mayúsculas. Sustituyelas por versalitas si quieres resaltar títulos o por signos de admiración si quieres dar énfasis a una expresión.

  • Reduce el uso de puntos suspensivos. No estás haciendo una transcripción de un diálogo real. Si son frecuentes en la narración, recuerda que un narrador jadeante o meditabundo no es atractivo.

  • Revisa las acotaciones de diálogo. No uses siempre «dijo», pero tampoco lo destierres de tu narrativa. Es importante encontrar el punto medio para que suene natural.

  • Elimina las acotaciones que solo contienen verbo de habla y el nombre del interlocutor en conversaciones de dos personajes. Una acotación de acción o un comentario del narrador cada tres intervenciones son más visuales y le da una idea al lector de lo que ocurre durante el diálogo.

  • Reduce las acotaciones que solo contienen verbo de habla y el nombre del interlocutor en conversaciones de tres o más personajes. Elimínalas si se entiende quién habla por sus expresiones, añadeles matices que pinten la escena que tiene lugar si son acotaciones necesarias o sustitúyelas por acotaciones de acción para dar dinamismo.

  • Evita el «casi». Es importante que el personaje sienta el peso completo de las acciones, así también lo sentirá tu lector.

  • Vigila los posesivos. Recuerda, los sustantivos son tuyos, pero los adverbios no.

  • Reduce los verbos de percepción. Así el lector puede ver la escena directamente sin necesidad de utilizar los ojos del personaje. «Vio un árbol en la plaza» por «Un árbol se erguía en la plaza».

  • Muestra, no cuentes. Si a Alejandro le tiembla la mano, se entiende que está nervioso sin la necesidad de decirlo —y en caso de que sea producto de una enfermedad seguro ya lo has dicho—.

  • Cuenta, no muestres. Si mostrar algo es demasiado largo, quizá es mejor que lo resumas. Lo que nos lleva a… 

  • No sobreexpliques. En lugar de «abrió la puerta del coche, se sentó al volante, cerró, arrancó el motor y se largó» es más directo decir, «se metió en el coche y se marchó».

  • Evita cursivas o comillas de ironía. El lector es bastante inteligente para captarla sin que se la indiques.

  • Da detalles y utiliza los cinco sentidos en tus descripciones para darle ese toque de realidad.

  • Evita describir en negativo. «La puerta no resistió», «La puerta cedió».

  • Elimina la sobredirección. No le tienes que decir al lector lo que tiene que pensar en cada escena; él lo deduce de los sucesos.

  • Mantén al narrador coherente. En el caso de que estés usando un narrador equisciente, asegúrate de que usas un solo punto de vista por escena.

  • Evita que los nombres de tus personajes suenen o se escriban de forma similar para facilitarle al lector la tarea de recordarlos. Si puedes evitar que empiecen por la misma letra, mejor.

  • Lee en voz alta tu texto para detectar fallos en el ritmo, cacofonías, repeticiones y todo aquello que en una lectura en silencio se te haya podido pasar por alto.


Querido lector espero que estos puntos te sean de ayuda, pero si esto es demasiado para ti, no te preocupes, siempre puedes contratar a un profesional que haga todo esto —y mucho más— por ti.

Recuerda siempre trabajar activando el control de cambios. 

Por Nay Cruz









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