Plumas entintadas
El arte de la escritura es, después de todo y como todo arte, un acto de amor.
Si tu mente atraviesa algún bloqueo creativo, el mejor consejo que puedo darte —de todo corazón— es no detener el movimiento de tu pluma en el papel. Lo sé, es irónico que el antidoto a un bloqueo sea precisamente escribir, pero escribir en sí mismo es una vivencia catártica por la que liberamos lo que llevamos dentro —por miedo, gusto o el motivo que sea—. Que tu escrito importe en contenido más que en forma, al diablo la gramática, atenta contra puntos, comas, versos, eres tú y solo tú contra el mundo.
Escribe sin juzgar lo escrito, escribe sin pensar en el mañana —no así cuando debes entregar YA para tener una nota—, escribe, escribe y escribe. La última letra —sin punto final— es un avance que pensaste no tener al estar frente a tu cuaderno u ordenador viendo solo las horas pasar.
Respira, es tiempo de leer en voz alta las letras que impregnan tu hoja, no temas hallar frases o párrafos sin sentido, lo que quieres o querias decir ahí está, no es una idea que se resguardó en tu mente con mil llaves, no es una idea inaccesible en este punto para ti, solo es cuestión de mover las cartas que tenemos.
A partir de ahora el juego es nuestro, está en uno el disponer de ellas para ganar o no —puede quizá que algunas ideas permanezcan en un cajón en espera de poder encontrar su sitio, ahí donde lo dicho sea bien recibido y acompañado—. Porque cuando no estás inspirado, no importa tanto lo que dices, sino lo que dejas. Esa señal de que algún día estuviste trabajando más que existiendo. Para que te recuerdes que, incluso cuando no sabes qué escribir, puedes hacerlo.